Con gran alegría y espíritu de fraternidad sacerdotal se vivió el pasado 14 de diciembre la convivencia navideña del clero arquidiocesano en el auditorio del Colegio Pureza de María. La convivencia dio inicio con un período de oración y reflexión en base a algunos textos bíblicos y con las palabras de bienvenida y exhortación de Monseñor Leopoldo José Brenes Solórzano, Arzobispo de la Arquidiócesis de Managua.
Posteriormente se dio lectura a la carta que los obispos de Centroamérica, por medio del Secretariado Episcopal para América Central (SEDAC), dirigieron en forma de mensaje a los presbíteros de la región como fruto de su Asamblea Anual realizada en Guatemala en noviembre pasado (23 al 27 de noviembre). La convivencia concluyó con un suculento almuerzo y el intercambio de algunos presentes entre los sacerdotes.
A esta convivencia anual de navidad se sumaron las convivencias navideñas que cada zona pastoral de la Arquidiócesis realizó por separado (Zona Oriental, Zona Central, Zona Occidental, Masaya y Carazo) y la convivencia que realizó el equipo de Curia Arzobispal el pasado 16 de diciembre en la parroquia de Santo Domingo, Las Sierritas.
A continuación se publica íntegramente la carta que los obispos de Centroamérica dirigieron a sus sacerdotes:
CARTA DE LOS OBISPOS DEL SEDAC A SUS SACERDOTES CON MOTIVO DE LA ASAMBLEA ORDINARIA ANUAL
Muy queridos sacerdotes, los pastores de las Iglesias particulares de Centro América, reunidos en la Asamblea Plenaria del SEDAC, del 23 al 27 de noviembre del 2009 en ciudad de Guatemala, les dirigimos, con corazón de padres, hermanos y amigos, un caluroso saludo con motivo del Año Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI al cumplirse los 150 años de la muerte del santo Cura de Ars. Hacemos nuestras las palabras del apóstol Pablo: “doy gracias a Dios sin cesar por ustedes, a causa de la gracia de Dios que les ha sido otorgada en Cristo Jesús” (I Cor 1,4). Agradecemos su fidelidad al Señor y a su pueblo, su trabajo pastoral, a menudo en medio de situaciones adversas y los animamos a renovar y a vivir con alegría la sublime vocación a la que hemos sido llamados por gracia y don del Señor.
En el ambiente en que nos corresponde desempeñar el servicio pastoral, constatamos factores como el cambio cultural, la posmodernidad, los conflictos sociales, la pobreza presente en muchas de nuestras comunidades, las amenazas a la vida plena de nuestros pueblos, entre tantas otras, y reconocemos muchas situaciones que afectan y desafían la vida y el ministerio del sacerdote (Cfr. DA 192 – 197). El Papa Benedicto XVI en este Año Sacerdotal, “desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo” (Carta convocatoria del año sacerdotal). Somos conscientes de que todos llevamos la Gracia Divina en recipientes de barro (Cfr. II Cor 4,7ss). Sabemos también, por experiencia propia, que ser pastores según el Corazón de Cristo implica una tarea ardua, una lucha cotidiana, un esfuerzo constante y que esto sólo se puede vivir en la fidelidad a Cristo, en comunión con nosotros los obispos, el apoyo real del presbiterio y de la comunidad cristiana.
Nuestra mirada a la realidad nos invita a juzgarla desde el corazón de Cristo, camino, verdad y vida. Él es quien nos capacita a cumplir nuestra vocación. Pero también es Él quien nos fortalece ante aquellas “situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros... Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes” (Benedicto XVI, Carta convocatoria del año sacerdotal).
Queridos sacerdotes, les dirigimos una palabra de aliento a todos ustedes que luchan por vivir con fidelidad el don recibido, pues como dice nuestro santo patrono, San Juan María Vianney, “un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina ¡Oh qué grande es ser sacerdote! Si se diera cuenta moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y “Nuestro Señor” baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… él tiene las llaves de los tesoros del cielo; él es quien abre las puertas.”
Animamos a todos a realizar su ministerio y vida con un espíritu de acción de gracias a Dios que nos llamó a formar parte de los presbiterios de nuestras Iglesias particulares: a ustedes sacerdotes jóvenes que con generosidad ofrecen a Dios y a la Iglesia el proyecto de una vida de servicio y entrega generosa; a ustedes, sacerdotes maduros, cimiento de nuestros proyectos pastorales; a ustedes hermanos mayores, decanos en nuestros presbiterios, que habiéndose gastado y desgastado por el Reino, ahora son testimonio de que vale la pena entregar toda la vida por Cristo y por los más pequeños. Queremos recordar con especial gratitud a tantos sacerdotes que, nacidos en Iglesias hermanas, ejercen con generosidad y entrega su ministerio entre nosotros.
Nos sentimos especial e intensamente cercanos a ustedes que sufren de modo particular en su cuerpo o en su espíritu. A ustedes que están enfermos les decimos que queremos ser buenos samaritanos en sus dolencias (Cfr. Lc 10, 33). A ustedes que pasan la noche oscura del dolor y enfrentan situaciones de mayor contradicción con la vocación recibida, incluso hasta el punto de haberla abandonado, les recordamos la parábola del padre amoroso, que tantas veces hemos predicado. (Cfr. Lc 15, 11ss). Que nos estimule el ejemplo de tantos hermanos que nos han precedido, algunos de los cuales llegaron hasta el martirio.
Nuestro actuar pastoral debe estar guiado por el Espíritu para que se convierta en semilla que dé fruto abundante en manos del sembrador (Cfr. Mt. 13,3ss). Hoy renovamos con ustedes, hermanos sacerdotes, nuestro compromiso de ser discípulos misioneros de Jesús Sumo Sacerdote. En primer lugar sabemos que: “en virtud de la íntima fraternidad, que proviene del sacramento del Orden, tenemos el deber de cultivar de manera especial los vínculos que nos unen a nuestros presbíteros y diáconos” (DA 187).
Será del amor, vivido como caridad pastoral, de donde brote la eficacia del ministerio de todos nosotros, “porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia” (DA 201). En este Año Sacerdotal nuestro compromiso será enamorarnos más de Cristo, manifestar ese amor hacia los más pobres (Cfr. Mt 25, 31ss) y luchar e impulsar decididamente el proceso de la Misión Continental, para que otros muchos se enamoren del Señor como discípulos y lo hagan presente en el mundo de hoy como misioneros. Alimentemos esta comunión con Cristo en la fuente de la Palabra, la celebración diaria de la eucaristía, la liturgia de las horas, la oración personal y la fraternidad sacerdotal.
Esforcémonos todos, hermanos, en reavivar el carisma recibido por la imposición de las manos (Cfr. II Tim1, 6) y a vivir ese don en todos los ministerios pastorales. ¡Que nuestra identidad como sacerdotes sea la identidad de Cristo!
Que el Señor nos conceda “la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido” (Oración colecta de la Misa de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote).
A María, madre de los pastores, tal como la invocamos en cada uno de nuestros países, consagramos nuestra vocación sacerdotal.
Hermanos, “ayúdennos con su obediencia y su oración, a que encontremos nuestro honor no en ser sus jefes, sino en ser sus servidores”. (San Agustín)
Guatemala de La Asunción, Fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, 27 de noviembre del 2009, Año del Señor.
+Mons. Leopoldo José Brenes S.
Arzobispo de Managua
Presidente SEDAC
+Mons. Jorge Solórzano P.
Obispo de Matagalpa
Secretario General SEDAC
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