
Todos en un momento de la vida nos preguntamos por nuestro futuro: podemos pensar en formar una familia, estudiar una profesión, trabajar en algo, etc. Pero, el cristiano se plantea esta cuestión desde la perspectiva de la Fe: ¿Qué quiere Dios de mí?
VOCACIÓN es la “llamada” que Dios hace al hombre. Nuestra vida es una llamada permanente de Dios; quien se vale de diferentes acontecimientos y personas; para que a través de éstos volvamos a Él, que nos creó por amor. Por la fe estamos todos llamados a vivir la vocación cristiana, ser testigos del amor de Dios en nuestro ambiente cotidiano: el trabajo, la familia, la escuela, etc.

Llamado a la Vida -> Es el primer llamado...Dios nos llama de la nada a la existencia “Y únicamente donde se a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él.” (Benedicto XVI).

Llamado a la “Santidad” -> Sí, todo estamos llamados a ser santos, cada uno en el ambiente y situación particular que le tocó vivir, tratando de cumplir en todo la voluntad de Dios; porque “antes de la creación del mundo nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia por el amor” (Ef 1,4).
La Vocación Específica -> Acá cabe preguntarnos ¿a qué Dios me llama? “Todo ser humano está llamado a desarrollarse, porque toda la vida es vocación” (Populorum Progretio - Pablo VI).
Tres diferentes maneras de vivir la Vocación Cristiana
1 Vocación de Laicos
Los cristianos que ejercen una profesión, viven en medio de la sociedad; algunos se casan y fundan una familia. Lo esencial es que en todo tratan de construir el mundo según los planes de Dios.
2 Vocación al Sacerdocio Ministerial
Es el ardiente llamado a entregar la propia vida y seguir al Maestro, quien le llama para “estar con él”. Los sacerdotes hacen presente a Jesucristo mediante la predicación de la Palabra de Dios, la celebración de los Sacramentos y el cuidado pastoral de la comunidad parroquial. Para ello, se preparan en el Seminario durante un período de su vida en una dedicación total. Más que renuncia, se trata de una entrega de su libertad para constituir una familia.
3 Vocación a la Vida Consagrada
Consagrar la vida al servicio de Dios y de los demás, mediante el ofrecimiento de los tres consejos evangélicos, a imitación de Jesucristo: la pobreza, la castidad y la obediencia; viviendo en una comunidad religiosa.
Tanto la vocación sacerdotal como la vida consagrada suponen optar por el de celibato por el Reino los Cielos. No se renuncia al amor. Se experimenta el amor de Dios, se le elige a Él como el Amor absoluto de la vida y se ama a los demás por amor a Dios.
Para una buena elección es importante:
1.- El deseo cumplir la voluntad de Dios y amarlo profundamente.
2.- Discernimiento, para ver a qué vocación estás llamado.
3.- La oración y la orientación espiritual por parte de un sacerdote o consagrado.
4.- Tomar la decisión, con la certeza de que en Dios está la verdadera felicidad.
Joven, aún hoy, Dios sigue tomando la iniciativa de llamar a hombres y mujeres, para que le sirvan en su mies y, a través de ellos se vale para seguir transmitiendo la buena noticia del Evangelio en todos los rincones de la tierra. Como decía nuestro recordado papa Juan Pablo II:
“¡ Jóvenes ! No tengan miedo, abran de par en par las puertas de su corazón a Cristo, Él no quita nada y lo da todo. ¡ No tengan miedo !”. |